Análisis Divergente

LOS SOBREVIVIENTES DEL FIN DEL MUNDO
Por: Hebert Tovar / Investigación híbrida en proceso sobre el tercer milenio venezolano


 

Crecí escuchando por boca de ciertas ancianas de mi infancia, un supuesto texto de la Biblia que reza: “Mil y no miles, vivirá la tierra”, haciendo referencia a que la humanidad debía extinguirse en el año 2000, señal para el inicio del apocalipsis. Confieso que nunca he revisado la Biblia para verificar si realmente anuncia con tal precisión temporal, la desaparición del planeta. En todo caso, el mundo no se acabó, ni la humanidad tampoco. Ni siquiera colapsaron las computadoras debido al espeluznante Virus del Milenio, el imprevisto Y2K.

Al parecer, el año 2000 sólo reeditó los viejos mitos de fin de centuria o milenio que se activan periódicamente. Al menos en un sentido literal, no se acabó el mundo. Pero, ¿tampoco en un sentido figurado? ¿Se acabó algo del mundo conocido, por nosotros, los niños del siglo XX, adultos del XXI? ¿Acaso somos sobrevivientes habitando un nuevo mundo?

Ciertamente, los fines de milenio se comportan como fechas de corte para el cálculo de los saldos bancarios, en el sentido de que indican la ocasión para realizar balances generales de las tendencias de las civilizaciones. ¿Cuál será nuestro saldo del siglo XX? La sola pregunta parece inconmensurable.

A quienes nacimos durante la segunda mitad del siglo XX, nos alcanzó el futuro en los días que corren. Somos los seres del futuro imaginados por los creadores de historias de ciencia ficción, de utopías y distopías. Fuimos pensados por H. G. Wells y George Orwell, por Joseph Barbera y William Hanna, Carlos Marx y Burrus Frederick Skinner, Aldous Huxley y Julio Verne, Rómulo Gallegos y Arturo Uslar Pietri.

Tal enumeración, absolutamente caprichosa y excluyente, no pretende sugerir la tonta tarea de precisar en cuanto nos parecemos o nos diferenciamos de las fantasías que sobre nosotros se elaboraron durante los dos siglos precedentes. Nos indica, si, el interés humano por mirarse desde diferentes perspectivas: desde el remoto pasado, desde el futuro incierto, desde el presente ambiguo.

Si acordamos que acercarse aproximadamente al punto medio de nuestras vidas, nos define como adultos, podemos convenir que un rasgo, entre otros, propio de la adultez, es hacerse responsables. Es decir, afanarse en una labor y asumir sus consecuencias. Muy bien. ¿Responsables de qué?

Explorar esta pregunta me parece una tarea menos tonta que compararnos con las fantasías que nos anteceden. ¿De qué nos hacemos responsables, nosotros la segunda generación arrullada por el Mago de la Cara de Vidrio, seres del futuro? ¿Cómo es ser responsables para nosotros, remotos adolescentes sin Wi Fi, universitarios del siglo XX? En definitiva, si la adultez fuese un oficio, ¿cómo lo estamos ejerciendo, nosotros, seres transmilenarios? Es preciso puntualizar que la inquietud detrás de tanto signo de interrogación no reviste un carácter nostálgico, ni anecdótico. El interés está orientado más por una intención, si me perdonan la palabra, diagnóstica.

La intención consiste en poner en común, como estamos haciendo con la síntesis del conocimiento, la historia y la cultura, que se organizan de forma natural en nuestra subjetividad, para lidiar con el tercer milenio, empeñado en fundir el entretenimiento con la política, la ciencia con la guerra, las telecomunicaciones con el sexo, la religión con las finanzas, en fin… El universo social pareciera estarse comprimiendo a diferencia del universo físico que se está expandiendo. ¿Cómo estamos haciendo para que no nos aprisione hasta asfixiarnos? De las pautas generales que guiaban nuestro comportamiento en el viejo mundo, para entretejernos con la familia, los hijos, el trabajo, el país, el amor…  ¿cuáles sobreviven, cuáles murieron, cuáles nacieron?

La invitación que le extiendo es a explorar tales cuestiones a través de conversaciones no totalmente desinformadas, imposible para quienes usamos Google y Direct TV, pero tampoco certificadamente eruditas, imposible para quienes trabajamos doble o triple jornada. “¿Cómo la ves desde ahí?”, sería la frase que resume la intención.

Esta curiosidad por conocer qué estamos haciendo desde nuestros espacios diversos de acción, pretende definir algunos grandes rasgos del rostro del Siglo XXI Venezolano. Es una investigación, pero no científica; es un reportaje, pero no periodismo. Es, tal vez, una forma híbrida de acercarse a un objeto de conocimiento: nosotros, los sujetos.

Las conversaciones pueden iniciarse con usted, lector o lectora, atendiendo a dos criterios únicos: a) que nos hemos conocido en el viejo mundo y b) que su campo de actividad implica o ha implicado cierto impacto público, y por ende, cierta responsabilidad implícita.

 

Muy agradecido.

 

 

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