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Ideas horrorosas en Semana Santa
Por: Dialéctico Montiel | Caracas, 27 de enero, 2014

 

Caracas, 27 de enero, 2014
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Tumbado en la arena de Playa Prótesis, buscaba una canción y me perdí en un montón de palabras gastadas. Busqué mirando al cielo inspiración y me quedé colgado en las alturas. Miré por la ventana de los lentes y me fugué con una niña que iba en bicicleta. Me distrajo un vecino de silla que también, no hacia más que rascarse la cabeza. Cuando finalmente me llegó una idea horrorosa: el fascismo, el socialismo y el comunismo, son sistemas políticos inventados por la dominación capitalista, para que ante tal forma de opresión brutal, los pueblos que sufren sus vejámenes, digamos por 11, 12, 40, 60 o 70 años, regresen alegres a la dominación hedónica del capital transnacional. ¡Que locura, que idea tan horrorosa! Aunque, pensándolo bien, tiene sentido y explicaría muchas cosas, como la alcahuetería global hacia los sistemas opresores. A ver, a ver... ¿qué dirá la historia?

Bueno, después de todo, las aspiraciones de bienestar espiritual, de sentido de integridad y coherencia, de libertad de ser, de comportamiento ético, de libre disposición del tiempo propio, que estaban presentes en el pensamiento que guiaba  las revueltas populares del pueblo italiano, luego de la primera guerra mundial, fueron totalmente olvidadas, como consecuencia del sufrimiento de una opresión mayor, constituida por el asesinato, la tortura, la cárcel, la proscripción de la libertad de pensamiento y movimiento, la violación de los derechos laborales y económicos, y el miedo crónico como forma de relación, implementados por el fascismo de forma sistemática y permanente.

Mirándolo bien, la brutalidad del fascismo hizo infinitamente preferible la brutalidad del control estructural luego de la segunda gran guerra, control instaurado por las transnacionales del poder, desde entonces, hasta esta tarde. Cualquier ocioso, o peor aún, historiador, que pretenda mitigar algún pequeño malestar que le produzcan las posibilidades de tales ideas horrorosas, puede ir a buscar datos para desmentirlas o confirmarlas, en los hechos y experiencias vividas por los pueblos de la China de Mao, la Alemania de Hitler, la Rusia de los socialistas desde 1917 a 1985, o la Cuba de 1958 hasta esta mañana. En todos estos casos, para no regresar a la opresión violenta, las personas se han sometido a formas de privación de la libertad menos dolorosas desde el punto de vista orgánico, pero muy dolorosas desde una perspectiva moral.

Analizando con frialdad y sin pasión, lo cierto es que en el devenir de estos procesos históricos, no tener tiempo para si mismo, para dedicarse a las cosas que realmente generan felicidad, se ve como una soberana pendejada, comparada con el ser torturado o asesinado. Sentirse incongruente por tener que jalarle bolas a un imbécil para que nos otorgue un beneficio que por derecho nos corresponde, es un costo que con sumo placer pagamos si con ello evitamos que nos limiten el movimiento del cuerpo en una cárcel. ¿Que carajo nos puede importar el derecho a huelga y a una mejor calidad de vida, si al menos podemos ver el sol y respirar aire contaminado, en vez de pasar meses enterrado en una letrina? Defender una idea o acción en contra de nuestra voluntad, es infinitamente insignificante, ante el dolor de sentir que nos arrancan las uñas. ¡Sin vaina!, la opresión ligth, es mil veces preferible a la heavy.

Así funciona el jueguito. La opresión pesada de las dictaduras totalitarias de derecha o izquierda, solo adquiere sentido como una forma de perpetuar la opresión ligera del capitalismo globalizado. Por eso es que los sistemas totalitarios indefectiblemente se desmoronan y retornan las formas previas de sojuzgamiento de la vida de los pueblos. Los coñazos y los abusos de las dictaduras rojas o negras, hacen que sean preferibles el despilfarro, la corrupción, el robo y la explotación, de los malandros variopintos de siempre.

Sin embargo, la aceptación de la dominación y esclavitud ligera, depende de que la gente recuerde y tenga presente que por muy jodida que esté la vaina, todavía puede estar peor. El recuerdo de Hitler y sus horrores, ha estado presente en la mala conciencia del pueblo alemán y debe haber jugado un rol importantísimo en la reunificación de las alemanias, sin disparar un solo tiro. Cualquier vaina es preferible a volver a vivir la locura nazi. Lo mismo aplica a la locura stalinista, o pinochetista, o perezjimenista.

Pero, el efecto aleccionador de la opresión brutal de sistemas como el fascismo o el socialismo, se olvida en cuanto van envejeciendo y muriendo las personas que los vivieron directamente. La información contenida en los textos, las películas, fotografías y otras formas históricas, no es suficiente para mantener la posibilidad de la repetición de la locura, presente en la vida concreta de la gente.

Lo que mantiene vivo el recuerdo de un mundo peor, son los testimonios de la gente que lo vivió, sobre todo, de la gente con la que se habla directamente. De esa manera, la convicción sobre la real existencia de los hechos pasados, se reafirma, al igual que la determinación de no volver a vivirlos. Pero, cuando los testigos mueren, mueren los detalles, las pruebas y el interés.  

Por esa razón, periódicamente las transnacionales del poder, inventan dictaduras abusadoras y sanguinarias, separadas por un lapso de tiempo equivalente a, aproximadamente, el tiempo de vida de dos generaciones. Unos 30 o 40 años de explotación suave y control hedónico, se intercalan con unos 10 o 20 años de explotación dura, como una forma de renovar la cualidad de control político, del miedo al dolor. Más o menos, no hay que ser perfeccionistas en los cálculos. Eso que lo calcule un científico social, si le da la gana.

Ahora entiendo porqué tantos plomazos de franco tiradores, tanto peinillazo y gas del bueno, tanta expropiación y patanería impune, tanto sindicato disuelto y sueldos congelados, tanta estupidez verbal y torpeza administrativa, aderezada con el malandreo institucionalizado a través de leyes tapa amarilla del Socialismo del Siglo XXI. En fin, tanto gorila brincando. Ese fulano socialismo no es mas que un invento adeco para desordenar las vainas temporalmente y hacernos ver que con AD se vive mejor. ¡Que idea tan espantosa! Adecos y socialistas, vendrían siendo algo así como el sombrero y una cosa que se pone en la cabeza. El Socialismo del Siglo XXI no es más que la fase dolorosa de la dominación adeca, tradicionalmente gozona y bohemia. Una transición en la renovación biológica de los morisqueteros encargados de representar los mojones discursivos que pretenden seguir chupándonos la energía vital.

La naturaleza adeca de la revolución bolivariana explicaría porqué tanta habladera de paja contra el imperio mientras simultáneamente hace negocios con él y tantas supuestas incongruencias entre el discurso socialista de los psuvistas y su praxis capitalista. Como diría La Lupe: “Teatro, lo suyo es puro teatro”. Ni por el carajo se me ocurre que los tarados del PSUV deben ser socialistas verdaderos y no unos farsantes protofascistas. Eso es imposible, porque el socialismo es una entelequia generada por el capitalismo para perpetuar su dominación.

Una consecuencia muy conveniente para el retorno de la fase hedónica de la dominación de las transnacionales del poder, es la asociación que ha realizado el PSUV de ideas como la participación política del ciudadano, la democracia directa, la organización autónoma, la justicia social y la equidad, con el abuso y la violencia del Socialismo del Siglo XXI. El objetivo de los opresores en sus roles de adecos ligth o socialistas heavy, es rayar tales ideas para desprestigiarlas y que a nadie se le ocurra mas nunca en su vida, siquiera pensar en tales cosas, debido a su igualación con la persecución, la intimidación, la sumisión y el caos. Los ambidiestros creen que ya el trabajo está hecho para proceder al retorno de la fase adeca de la pachanga y el despilfarro como forma de explotación con menos dolor. Parecen no haber notado el cristal que tienen enfrente.

Que vainas se le ocurren a uno, en una tarde de ocio, escuchando necedades frente al mar. La próxima vez que viaje en Semana Santa, me llevo un libro de Stephen King para relajarme. Ahora estoy pensando que no debí suspender la Talidomida y el Tricófero de Barry que me mandaron para los nervios. Cuando tomo esas medicinas, no se me ocurren estas cosas.    

Dialéctico Montiel.

 


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Dialogo con un asesino,


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