Economía

CAOS Y CONTROL: LA OFENSIVA ECONOMICA
Por: Paul Bidé | Caracas del Norte, 04 de mayo, 2014.

La naciente disciplina de la Economía del Deseo, en pleno proceso de formulación y sistematización en Venezuela, principalmente por los teóricos de la Escuela Analítica Divergente de Caracas, le atribuye dos formas básicas al desarrollo de los procesos económicos de una nación: el Despliegue Racional y el Despliegue Irracional. El Despliegue Racional, se implementa de acuerdo a algún sistema ordenado de premisas que le permitan al Estado establecer los criterios para la definición de la Política Económica. Estas premisas, cualesquiera que ellas sean, orientan el establecimiento de metas y estrategias productivas, comerciales, fiscales, monetarias y de gasto público, usualmente dirigidas a promover el crecimiento y el bienestar general, con el consecuente mantenimiento de índices bajos de desempleo e inflación.

Aun cuando las políticas sectoriales que conforman a la política económica, no siempre guarden coherencia, en un Despliegue Racional, siempre se cuenta con un modelo que explica el comportamiento económico general, con independencia de que tal modelo proponga un mayor o menor grado de intervención estatal. Un Despliegue Racional de la economía implica, por tanto, la promoción de un sector productivo fuerte, orientado hacia la satisfacción de la demanda interna de bienes y servicios y la generación de excedentes para la exportación y la generación de divisas. Un esquema tal de actividad económica, requiere además de un marco jurídico que defina con precisión las reglas que deben normar tanto los procesos productivos, como los de comercialización y financiamiento. El Despliegue Racional, se define, en consecuencia, como una forma ordenada de generar riqueza.

En Venezuela, luego de la caída de la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez en 1958, la clase política que toma el poder asume el Despliegue Racional de los procesos económicos, como el paradigma que orientaría la formulación de sus Políticas Económicas, con independencia de su mayor o menor éxito en el alcance de los objetivos que se plantearon. Como consecuencia de la selección de este enfoque paradigmático, emerge la necesidad de diversificar el sector productivo para disminuir la dependencia con respecto a la producción petrolera como principal fuente de ingresos, por lo cuál se realizan intentos de fortalecer otros sectores, como el minero no petrolero y el petroquímico, así como los fallidos intentos por desarrollar la producción agrícola, pecuaria y pesquera en un grado sustentable y suficiente. La adopción de un esquema de Despliegue Racional Económico, no implicó, sin embargo, el alcance de las metas de desarrollo. En una perspectiva histórica, el paradigma solo caracteriza la forma en que el Estado dirigió la actividad económica a partir de 1958, luego de la caída de la dictadura militar.

El paradigma del Despliegue Racional Económico es congruente con la forma política democrática, por cuanto la pluralidad y diversidad de pensamiento implicadas en el ejercicio de la democracia, encuentra su correlato económico en la diversidad de oportunidades de negocio, la variedad de rubros en la producción y la actuación de múltiples actores, tanto en el ámbito local como internacional, tanto en el sector público como privado. De allí, la eficaz adaptación de la clase política venezolana en el poder desde 1958 hasta 1998, al despliegue ordenado, normado y racional, de la economía venezolana, que ha favorecido el enriquecimiento ilícito de los actores políticos a través de alianzas con los actores económicos, para distribuirse la riqueza generada por la actividad productiva.

La posición privilegiada de los partidos, en cuanto a la definición de normas y la disposición de recursos públicos, les permitió la implementación de formas de lucro que iban desde la instalación de empresas, tanto públicas como privadas, bajo su control; la extorsión a la empresa privada independiente bajo la forma de comisiones en contratos de provisión de bienes o servicios al Estado; la impunidad a la evasión de impuestos y otros tipos de obligaciones legales de las empresas de los partidos, con el Estado; hasta la simple apropiación indebida de recursos públicos. El rasgo distintivo de este período, es, por tanto, la contribución de un paradigma de Despliegue Racional Económico, al enriquecimiento de una clase política insaciable a través de diversos mecanismos racionales, tanto legales como procedimentales, de apropiación indebida tanto de los recursos públicos, como de los beneficios de la actividad productiva privada. Diversidad, pluralidad, libertad y productividad, han sido las ideas en las que se ha sustentado el enriquecimiento ilícito de la clase política del período democrático venezolano.

Con la irrupción de un sistema político de pretensión totalitaria a partir de 1998, opera en Venezuela un cambio de paradigma hacia el Despliegue Irracional Económico, para el cual no existe ningún sistema ordenado de premisas que orienten la definición de políticas fiscales, monetarias o de otro tipo, por cuanto la finalidad de la actividad económica desde este enfoque, no es la promoción del crecimiento y el bienestar general, sino el control político de la población. La pretensión de concentrar todas las decisiones en una reducida élite política con la finalidad de perpetuarse en el poder, es incompatible con la libre iniciativa privada en el área económica necesaria para la generación de la diversidad productiva, al tiempo que tal diversidad, promueva la redistribución del poder entre múltiples actores.

Una vez desaparecido el propósito de la generación de crecimiento y bienestar, desaparece también la necesidad de que las políticas sectoriales sean coherentes e integradas, estando las mismas gobernadas por las necesidades políticas coyunturales, con lo cual las decisiones en materia económica adquieren un carácter absurdo y contradictorio. De tal suerte, ahora los objetivos económicos hacia los cuales se orienta un esquema de Despliegue Irracional, son dos: el control absoluto del principal sector productivo de la nación y la destrucción de la capacidad productiva del resto de los sectores. Así, con el desmantelamiento de la capacidad productiva nacional, exceptuando la explotación petrolera bajo control de los partidos, los recursos pasan a ser escasos y a concentrarse en manos de la elite política que hace uso de ellos para extorsionar a la población y someterla a la obediencia. La consecuencia contraintuitiva más visible de tal Despliegue Irracional, es la sustitución de la producción local por importaciones, ya que una secta de importadores siempre será más reducida que un conglomerado industrial, optimizando así la concentración de poder, el enriquecimiento ilícito y el control de los partidarios.

La destrucción de la capacidad productiva del país, indispensable para la generación de la pobreza, la docilidad y el apego de la población a las dádivas de la clase política, se logra a través del caos normativo y decisional impuesto desde el Estado, que impide la planificación y gestión ordenada de los procesos industriales y comerciales del sector privado. Inflación, desabastecimiento, escasez, desempleo, mercado negro, son algunos de los nombres con los que se denomina al caos como forma de Despliegue Irracional Económico.

La élite con pretensiones totalitarias que actualmente usurpa el poder en Venezuela, con la colaboración de los vestigios de la clase política sobreviviente del bipartidismo, no requiere de la alianza con un sector productivo independiente para enriquecerse a través de actos de corrupción administrativa. El método radical a través del cual la nueva clase política se enriquece, consiste fundamentalmente en la apropiación directa de la riqueza petrolera, el asalto a los ingresos fiscales y la generación de dinero basura mediante la especulación cambiaria y financiera, para luego ser convertido en bienes tangibles. Participar en la distribución de los beneficios de la actividad productiva nacional, es absolutamente dispensable para una dictadura que ha asumido el enfoque de Despliegue Irracional Económico, como el paradigma que guía la toma de sus decisiones. Producir el caos económico para lograr el control político, conforma de esta manera, la ofensiva con la que la élite Socialista del Siglo XXI, pretende someter a la población venezolana y permanecer en el poder hasta su desaparición física.

No obstante, al considerar la tesis sostenida por la Economía del Deseo que propone que los procesos económicos se fundamentan en procesos libidinales de carácter inconsciente que se constituyen en el motor del deseo de bienes y servicios, la pretensión del control político del consumo a través de la extorsión y el chantaje, supone el control de las pulsiones inconscientes del venezolano. He aquí el elemento fundamental que permite predecir el fracaso de la pretensión totalitaria: la imposibilidad de controlar los procesos inconscientes del venezolano. Pero, por otra parte, el retorno de las formas democráticas una vez sellada la derrota del Socialismo del Siglo XXI, tampoco garantiza un comportamiento menos voraz de los vestigios del bipartidismo, como ha quedado evidenciado por su actuación durante el período predictatorial y su vergonzoso colaboracionismo actual con la ocupación foránea. Por tanto, parece claro que el problema a abordar para el futuro inmediato de la nación, no es la escogencia entre democracia o dictadura, sino la superación de la propia forma política como pauta civilizatoria.


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