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Vladimir Acosta: "El Movimiento Ochenta es la peor desgracia que le ha podido ocurrir al país"
Por: Elias Pino Iturrieta. | Caracas Occidental, 13 de Enero, 2014

La Academia Nacional de la Historia, fiel a su función de preservación de la memoria histórica del país como una forma de comprender la determinación del presente por los hechos del pasado y sus contingencias, lanzará al mercado el próximo viernes dos de abril de dos mil veintitrés, una serie de diez encartados en los Suplementos de Aniceto, producidos por Editorial Novaro, que recogen la historia jamás contada del Movimiento Ochenta. Esta serie es el resultado de un convenio suscrito por la editorial mexicana y la venezolana El Sapo Salta y Se Ensarta Ediciones (ESSSEE).

Esta iniciativa de la academia de la historia obedece a la necesidad de combatir la deformación interesada de los hechos que dieron origen al Movimiento Ochenta, uno de los acontecimientos políticos más importantes del siglo veinte venezolano cuyas repercusiones se pueden observar aún en nuestros días y que es la fuente de encendidas polémicas entre los académicos.  

El Movimiento Ochenta, fue un proceso que produjo profundos cambios en el pensamiento político de los estudiantes universitarios de la década de los años ochenta, quienes al convertirse en adultos, pasaron a constituirse en la elite del poder en Venezuela.

Por la relevancia de la iniciativa de la Academia Nacional de la Historia y del convenio con Editorial Novaro y ESSSEE, este diario quiso conocer la opinión de Vladimir Acosta, profundo conocedor de cualquier cosa, hombre de pensamiento amplio y liberal, y miembro de la elite del poder en nuestro país.

EPI: ¿Qué fue el Movimiento Ochenta y porqué entre nosotros los historiadores, reviste una importancia cardinal?  

VA: El Movimiento Ochenta fue el bagazo de otro movimiento realmente importante que se conoció como el Movimiento Comeflor, de clara influencia hippie que nació en la Facultad de Humanidades de la UCV, liderado por destacados revolucionarios como la gorda Miriam Di Santo, Sandra Bálsamo, José Antonio Alzola y el mimo Ralf, que lograron desplazar de las estructuras de cogobierno estudiantil a las rémoras del Comité de Luchas Populares (CLP) al mando de Armando Sánchez, al Partido Socialista de los Trabajadores (PST) bajo la batuta de José Félix Sánchez, al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) a cargo del Negro Bravo y al Movimiento al Socialismo (MAS) conducido tras bastidores por Igor Colina, que por decenios habían estado lambusiándose la representación del estudiantado universitario.

Vladimir Acosta: "El Movimiento Ochenta fue un bagazo político."

EPI: ¿En su opinión el Movimiento Comeflor proponía la plataforma programática hippie de Paz, Amor y Marihuana, para el movimiento estudiantil?  

VA: Ciertamente que sí, solo que sustituyendo la marihuana por el Triple Filtrado Floridita, que se conseguía legalmente y cumplía la misma función de obnubilación de la conciencia.  

EPI: Disculpe usted, pero ¿qué es el Triple Filtrado Floridita?  

VA: Ese era un ron muy sabroso y barato que se producía por aquellos años, que desplazó del poder al Cacique, al Gran Reserva y al Ron Pasita.  

EPI: Con razón que no sabía que era. A mí sólo me gustan las menores de edad.  

VA: Bueno, si ese es su gusto, yo no se lo critico, pero tenga cuidado…  

EPI: Me refiero a las botellas de wisky 12 años. ¿Usted como que no es muy buen tomador, no es cierto?  

VA: Un verdadero revolucionario, no tiene vicios y siempre está en control.  

EPI: Muy bien. Ahora, por favor, ¿puede argumentar su planteamiento de que el Movimiento Ochenta fue un bagazo político?  

VA: Claro que sí. Yo no tengo ningún problema con defender esa tesis. Ya lo he hecho en las Mesas Técnicas de Historia Correcta del PSUV y en los grupos focales del Diario Vea con lo que queda de la clase obrera, dirigidos por Emilio Castro. El hecho es que mientras el Movimiento Comeflor se iba expandiendo por el resto de las facultades de la UCV y luego a la Universidad de Carabobo, la USB y el resto de universidades nacionales, con su mensaje de paz y amor, ningún partido de izquierda los consideraba peligrosos, más bien como unos compañeritos bastante pajúos. Los partidos de derecha no tenían vida. Los adecos estaban arrinconados en las Escuelas de Derecho y Estudios Internacionales, con el gordo Uribe como cabecilla. Eran minoría. De los copeyanos, no me acuerdo, creo que no existían.  

Pero cuando estos compañeritos, al asumir los Centros de Estudiantes, las Delegaturas a Consejos de Escuela, Facultad y Consejo Universitario, en vez de ocurrírseles organizar clases de yoga, jornadas de comida vegetariana o festivales de rock en Tierra de Nadie, que era lo esperado, en su lugar y presionados por las bases, pretendían revisar el cabalgamiento de horarios de los profesores, redefinir los perfiles de salida de los pensum de las carreras, modificar las estructuras de cogobierno e involucrarse en la distribución del presupuesto que se dedicaba mas a pagarle a la AEA que a la investigación, se convirtieron de forma instantánea en enemigos de la sociedad sin clases.  

EPI: ¿Cómo se relacionan esos acontecimientos con el Movimiento Ochenta?  

VA: A eso iba antes de que me interrumpiera. Las pretensiones de los comeflores resultaron inaceptables para la izquierda universitaria que vivía jalando caña pareja, viajando, tirando, metiéndose perico, rumbeando, en fin, gozando una bola a costa de los recursos de la derecha, sin trabajar. Entonces, fundamentalmente la Liga Socialista, el MAS, el PRV, el PST y el MIR, infiltraron el Movimiento Comeflor e intentaron manipularlo, con mayor o menor éxito, pero sin lograrlo totalmente.  

EPI: ¿Pero, cómo se relacionan esos acontecimientos con el Movimiento Ochenta?  

VA: ¿El entrevistado aquí es usted o soy yo?  

EPI: Yo soy historiador.  

VA: ¿Y eso le da derecho a no dejarme hablar?  

EPI: Diga usted lo que tenga que decir, entonces.  

VA: Parece que éste es el estilo de su diario. Hablan ustedes en vez de uno. Ya lo he visto en varias entrevistas suyas.  

EPI: Con todo respeto, le ruego me disculpe si lo he incomodado con algunas de mis intervenciones. Por favor, prosiga usted.  

VA: ¡Carajo! ¡Ustedes no aprenden!  

EPI: Muy bien. Prosiga, por favor.  

VA: Decía, que ante la perspectiva de quitarle la teta de la derecha a la izquierda, los comeflores fueron traicionados y fueron entrampados en la cosa aquella que se llamó la Masacre de Tazón, que todo el mundo recuerda, que consistió en una emboscada que la Guardia Nacional le tendió en la Bajada de Tazón a estudiantes que venían del interior hacia Caracas, gracias a la petición que Edmundo Chirinos, rector de la izquierda de la UCV, le realizara a Octavio Lepage, Ministro del Interior de Jaime Lusinchi. En la emboscada resultaron muertos y heridos.  

A partir de ese momento, murió la revisión de horarios, asistencias, dedicaciones, currículos y presupuestos, y nacieron las interminables, agotadoras y desgastantes marchas, paros y concentraciones de protesta ante la violencia gubernamental. De la noche a la mañana, aparecieron las huestes de la Liga Socialista nariceando al estudiantado, con Juan Barreto a la cabeza, quien venía de quebrar el Diario Letras y el Feriado, junto con Kiko Bautista.  

EPI: Me permite interrumpirlo de nuevo, Profesor Acosta, pero creo que de un relato histórico se está usted desviando hacia un chisme tendencioso. Disculpe, pero comprenderá usted mi posición como historiador y como entrevistador. Me siento en la obligación metodológica de hacerle la observación.  

VA: Desde ese momento en adelante, es que nace el Movimiento Ochenta. El gordo Barreto, que no lo quería ni su mamá, usurpó la dirigencia del movimiento estudiantil, financiado por la Liga Socialista, que a su vez se financiaba compartiendo la cochina de los secuestros y atracos de Ruptura. En tal desmadre lo acompañaron varios sigüises como William Castillo, Carietón, Anahi Arismendi, Supermán, la Flaca Aleida y Yorluis Silva. Todo lo que servía de esa generación, abandonó el ahora llamado Movimiento Ochenta, que pasó a ser un cascarón vacío. Incluso después de tanto joder el parque, con paros, marchas y quema de cauchos, andaban de pipi agarrao con Edmundo Chirinos que se supone que era su enemigo de clase, por haber traicionado el pacto inicial con ellos y echarles la guardia encima. 

Juan Barreto: líder del Movimiento Ochenta

EPI: Disculpe Profesor, pero creo que está usted fuera del control que me mencionó al principio que lo caracteriza a usted. Por favor, modérese.  

VA: El Movimiento Ochenta es la peor desgracia que le ha podido ocurrir al país. La Liga Socialista, el PRV, el PST, el MAS y el MIR, no solamente se encargaron de acabar con el proceso revolucionario que se estaba gestando en la base del movimiento estudiantil, sino que convirtieron a las estructuras de cogobierno, en verdaderas escuelas de hampones, en las cuales se formaron los actuales alcaldes, ministros, diputados, viceministros, directores y cuanto bicho de uña sea posible imaginar dentro del PSUV.  

EPI:En eso no lo voy a cuestionar.  

VA: Por eso es que yo sostengo y no me cansaré de sostener, que el Movimiento Ochenta es el bagazo político del Movimiento Comeflor, luego de que todo el jugo vital de lo mejor de esa generación, abandonara la política.  

EPI: Está muy claro su planteamiento: el Movimiento Ochenta fue un proceso reaccionario ante la avanzada revolucionaria que pretendía el Movimiento Comeflor, el cual amenazaba la comodidad y sinvergüenzura de la izquierda. Creo que presenta un contexto analítico muy interesante para que nuestros lectores puedan asimilar los encartados en las historietas de Aniceto y probablemente, en los suplementos de Hermelinda Linda.  Una última observación si me lo permite.  

VA: ¡Por favor! Adelante.  

EPI: Le confieso que con la gran cantidad de múltiples ocupaciones en que se vive hoy en día, no me había sido posible reparar en su incorporación a la Mesa de la Unidad Democrática. ¿A cuál partido democrático pertenece usted ahora?  

VA: A ninguno. Sigo estando en el PSUV.  

EPI: Disculpe, pero no comprendo. Todo el discurso que ha desarrollado en esta entrevista es contradictorio con su pertenencia al PSUV.

VA: ¿Y cuál es el problema? La contradicción es nuestra forma de gobierno en el PSUV. Nosotros los comunistas siempre nos hemos caracterizado por nuestra habilidad para resolver las contradicciones a través de la síntesis de la tesis y la antítesis, por lo tanto, todo lo que he dicho a pesar de parecer una incongruencia con mi militancia, en realidad es una síntesis que supera una contradicción.  

EPI: No me trate como un ignaro. Para mi es familiar el proceso dialéctico. Sin embargo, yo no observo que se supere ninguna contradicción en su discurso. ¿En qué consiste la superación que afirma?  

VA: En la mía. La superación es un proceso materialista histórico de profunda raigambre popular, participativa y protagónica, que se da cuando un miembro de la clase obrera o un intelectual orgánico, como yo, a través de su trabajo político y esfuerzo partidista, se supera y pasa a ser miembro de la clase alta.  

EPI: ¡Ah! Ahora si la veo con más claridad y he podido resolver mi contradicción con respecto a usted.  

VA: Yo soy un verdadero hombre de izquierda y comunista, pero no soy un revolucionario, ni un demócrata.  

EPI: Su posición me recuerda a una profecía que leí en estos días y que plantea que en Venezuela se está produciendo un proceso ya descrito en el Don Quijote de Cervantes, que detalla la Sanchización de Don Quijote, que lo vuelve más cuerdo y práctico y la Quijotización de Sancho Panza, que lo troca más soñador y creativo. De acuerdo con la profecía, lo mismo ocurriría con los partidos venezolanos: una derechización de la izquierda y una izquierdización de la derecha. Pareciese estarse cumpliendo el vaticinio. Por lo pronto, ya William Dávila ha declarado antiimperialistas a los accióndemocratistas y Nicolás Maduro, está acariciando los ofrecimientos emergidos de los diálogos con la derecha.

VA: ¿Y eso es bueno o es malo?  

EPI: Es rentable. Muchas gracias por su tiempo.  

VA: ¡Faltaba más!


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