Proyecto Expression

El Violinista
Por: Luis Pereira | Caracas, 14 de noviembre, 2017

Era una tarde lluviosa en la ciudad de Nueva York, la gente corría atareada en busca de refugio para resguardarse del aguacero que caía. Los taxis corneteaban sin cesar, el tráfico era terrible. Era ya la hora de salida del trabajo de la mayoría de las personas en la ciudad, así que el mar de gente que se encontraba en las calles era descomunal. Una gran parte de las personas por lo general usa el metro para movilizarse en aquella jungla de asfalto. Todas las estaciones estaban abarrotadas.

En ese pasar de gente, los indigentes miran fijamente para pedir su limosna habitual; y debido a la lluvia más y más de estos individuos salieron de sus cuevas de cartón para mendigar en las calles. En eso uno de ellos empieza a caminar bajo la lluvia, pero este era diferente. El sujeto tenía una pinta peculiar. Era un tipo alto y delgado. Tenía el cabello un tanto largo, le llegaba al cuello; cargaba una barba desarreglada pero no tan larga, como la de cualquier mendigo común, pero lo que resaltaba era su ropa. Vestía un smoking de gala, un tanto sucio de la calle, con una camisa y corbatín blancos los dos; también tenía unos guantes como los que se usan en eventos de la alta sociedad, solo que estos estaban rotos en la parte de los dedos, haciendo así que se le vieran. La gente pensaba que por su pinta era un millonario extravagante que había quedado en bancarrota y su destino fue la calle. Pero había algo que lo diferenciaba de este tipo de personas, y era un estuche negro que cargaba en su mano derecha. El estuche era mediano, estaba hecho de madera y recubierto con gamuza la cual se veía un tanto vieja y desgastada. Nadie sabe que cargaba este hombre en aquel maletín, pero a algunas personas les pareció sospechoso.

El sujeto se dirigía hacia una de las estaciones del metro. Al bajar por las escaleras la gente lo veía con un poco de miedo. El hombre siguió por su camino hasta que vio una gran multitud que esperaba uno de los trenes, allí se paró. Caminó entre la gente abriéndose paso hasta un sitio donde se encontraban unos músicos. En ese momento comenzó a mirar a la gente fijamente hasta que captó su atención. El hombre entonces puso su maletín en el suelo y lo empezó a abrir, la gente lo veía desconcertada. La policía encargada de mantener la seguridad en el metro se acercó para asegurarse de que no fuera a ocurrir nada malo. El hombre saco algo del estuche, era un violín viejo.

La gente regreso a su estado normal tras ver que este hombre solo pretendía tocar para ganar dinero. El sujeto los vio y empezó a afinar. Al tener en balance su instrumento comenzó a tocar. Al principio empezó con una melodía lenta y armoniosa, las personas voltearon de nuevo a verlo solo por curiosidad. El hombre siguió tocando así hasta que la sonata empezó a tornarse un poco más rápida y un tanto violenta. Los músicos que este hombre tenía al lado dejaron de tocar y le empezaron a prestar atención a su colega, el cual tocaba las cuerdas de una manera muy sublime y elegante. La melodía se empezó a tornar más y más rápida, aquel sujeto movía los dedos con una velocidad y precisión  formidables. De repente todo el público a su alrededor estaba fascinado con aquel sonido violento y brillante, pero que poseía un tono algo triste en el fondo. En un momento, un hombre se le acercó a ponerle unos billetes en su estuche y el hombre, antes de que este llegara a colocar el dinero en el sitio, pateo su estuche lejos. El sujeto cada vez tocaba con más convicción aquel violín, tanto así que su arco se empezaba a deshilachar de forma abrupta y sus cuerdas estaban a punto de romperse. Todo el mundo estaba asombrado, hasta la gente que lo miró de forma extraña se acercó a escucharlo tocar. El hombre fue disminuyendo un poco la velocidad con la que tocaba y en un instante arremetió de nuevo para así terminar una gran pieza. Al terminar, el metro estalló en aplausos, pero este hombre simplemente se quedó inmóvil después de terminar, cuando de repente la gente vio que éste se lanzó contra el tren que venía a toda velocidad por los rieles. La gente quedó paralizada y consternada, lo único que quedó de ese gran espectáculo fue el violín que se encontraba en el suelo junto al tren.


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